Misión

La revista esta dirigida a quienes tienen la responsabilidad de gobernar empresas o dirigir organismos e instituciones públicas o privadas proporcionándoles ideas originales y propuestas innovadoras que contribuyan a la mejora de la competitividad y gobernabilidad de las empresas y los países iberoamericanos en un mundo globalizado.

También aspira a servir a la comunidad universitaria y científica de la región como publicación de referencia sobre nuevas ideas. Para ello facilitará la comunicación entre las distintas comunidades universitarias iberoamericanas, las acercará y las articulará alrededor del estudio de áreas concretas, debidamente analizadas mediante aportaciones teóricas, aplicaciones prácticas y estudio de casos reales.

Objetivos

La revista persigue los siguientes objetivos:

  • analizar de la globalización y la competitividad como elementos determinantes en la región y ofrecer soluciones apropiadas;
  • poner en perspectiva las variables de competitividad global tales como estándares internacionales, calidad, servicio y benchmarking;
  • enfatizar la conexión entre políticas publicas de carácter internacional y doméstico con el desempeño de los países;
  • explorar diferencias y crear consenso en los roles y responsabilidades que las instituciones internacionales deben tener en asuntos globales;
  • responder a los eventos de actualidad internacional con información y análisis; y
  • promover el diálogo estratégico entre académicos progresistas, organizaciones con intereses definidos, empresarios y responsables del gobierno, sobre las políticas públicas que afectan la región.

Introducción

El tema escogido para la revista responde a la realidad que afecta no sólo a la región iberoamericana sino al mundo entero: la globalización. Habiendo comenzado en el siglo XIX y decaído tras la primera guerra mundial, el proceso de globalización ha tomado un empuje en el último tercio del siglo XX y principios del XXI gracias a los avances en transportes, desarrollos de tecnologías de información y comunicaciones, y la difusión de la ideología de libre mercado como base del desarrollo económico. Se trata de un fenómeno trasnacional que abarca relaciones económicas, políticas, tecnológicas y culturales y, a la vez, que genera relaciones interdependientes entre estados, empresas, organizaciones e individuos. Así, la globalización ha traído consigo una acelerada reducción de las barreras al movimiento de ideas, capitales y personas, la apertura de nuevos mercados, y la retirada del gobierno del área económica.

La globalización afecta a todos los países, independientemente de su condición económica, política o social. En este contexto, mientras los estados tratan de adecuar sus políticas a las nuevas exigencias, las empresas, por su parte, despliegan estrategias para lograr un sistema de producción cada vez más integrado a escala mundial. El mundo globalizado obliga a buscar y desarrollar mecanismos idóneos para someterse a este proceso. Hoy, la discusión acerca de las ventajas e inconvenientes de la globalización resulta intrascendente y carente de importancia frente la necesidad ingente de determinar las condiciones imprescindibles para que países, empresas e individuos puedan verdaderamente beneficiarse de ella.

La competitividad se convierte así en el vehículo indispensable para alcanzar ese objetivo. Es la respuesta al desafío resultante de la exacerbada competencia en el mercado global y lo que permite corregir las ineficiencias que la globalización no admite, debido a la magnitud de sus efectos y a la velocidad e irreversibilidad de sus avances. En efecto, la dinámica de la globalización, acentuada por el fenómeno tecnológico, ha incrementado las operaciones comerciales y financieras y, por consiguiente, la competencia en los mercados. Desde esta perspectiva, la globalización exige la transformación de los sistemas productivos y la adopción de estrategias que incentiven el fortalecimiento de la competitividad.

Ahora bien, tanto la globalización como la competitividad se rigen fundamentalmente por las fuerzas del mercado, las cuales obligan a introducir cambios significativos tendentes a mejorar la eficacia para así aprovechar las ventajas de la globalización. La responsabilidad de provocar estas transformaciones recae no solamente en el sector privado, sino también en el Estado.

En este sentido, uno de los factores que garantizan la consolidación de un entorno competitivo es el fortalecimiento y mejoramiento de la gobernabilidad, lo cual exige el redimensionamiento del Estado. No se trata de un desmantelamiento de las instituciones que lo integran, sino de una reorientación de sus políticas públicas de manera que éstas no restrinjan el campo de maniobra de las empresas, asegurándoles más bien la plena integración a una sociedad global dinámica y colmada de oportunidades. Por tanto, se impone abandonar el proteccionismo y el aislacionismo, y sustituirlos por procesos de liberalización y desregulación. Por otra parte, el Estado debe crear un marco institucional que garantice transparencia y estabilidad a las transacciones entre actores económicos y sociales. En este contexto, el Estado renuncia a su papel protagónico en el desarrollo del país, limitándose a establecer las bases adecuadas para que los agentes económicos alcancen los niveles de eficiencia necesarios para competir en un mercado globalizado.